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Hágase la música

Tradiciones antiguas de todo el planeta saben que el sonido es el origen del Universo. Cuentos y leyendas como ésta lo explican de la forma más hermosa.


«“Dios hizo una estatua de barro. Moldeó el barro a su semejanza. Quería insuflar alma a esta estatua. Pero el alma no se dejaba atrapar. Pues reside en su naturaleza el deseo de ser volátil y libre. No quiere estar limitada ni atada. El cuerpo es una prisión, y el alma no quiere entrar en esa prisión. Entonces Dios pidió a sus ángeles que tocaran música. Y al tocar los ángeles, el alma se sintió extasiada. Quería experimentar la música de un modo más directo y claro, y por eso entró al cuerpo".


Hafiz dice así: “La gente dice que el alma, al escuchar esta canción, entró al cuerpo. Pero en realidad el alma misma es la canción".


 "Esta es -según el sufí Hasrat Inayat Jan- una leyenda maravillosa. Pero resulta aún más maravilloso lo que significa. Pues ella nos explica dos leyes. Una de ellas reside en que el alma es libre por naturaleza y la tragedia de la vida es la presencia de esa libertad. La otra significación de la antigua leyenda persa radica en que la única razón por la cual el alma penetró en el cuerpo de barro y materia muerta fue, precisamente, porque quería experimentar la música de la vida”.»


Leyenda contada por el místico sufí y poeta persa Hafez de Shiraz, recogida en el libro Nada Brahma. Dios es sonido, del periodista y productor de jazz Joachim Ernst Berendt.